Toxic Brew En Espanol by Peter Rodriguez, Dean of Rice Business

Basado en la investigación de Peter Rodriguez.

  • Usualmente, las empresas subestiman los efectos negativos de la corrupción en los negocios y en el ámbito gubernamental.
  • La corrupción puede ser previsible, arbitraria o ambas.
  • Las empresas necesitan un arsenal de estrategias para luchar contra la corrupción.

Un antiguo dicho keniata dice: “¿Por qué contratar a un abogado, cuando puedes comprar a un juez?”

La misma pregunta pudiesen hacerse desde África hasta Asia y desde Europa hasta Las Américas, donde la corrupción gubernamental está tan contaminada en la vida diaria, que sus ciudadanos pueden sentir que poco pueden hacer y recurren al humor negro. Pero la corrupción gubernamental, también suscita graves problemas para las firmas extranjeras que tienen establecidas sus oficinas en esos países. Curiosamente, estas empresas suelen subestimar sus efectos, los minimizan o simplemente los ignoran. Los analistas también lo hacen.

El decano de la Escuela de Negocios de la Universidad Rice, Peter Rodríguez y su equipo de investigación, decidieron estudiar más de cerca este fenómeno, observando de forma más directa los costes reales, tanto directos como indirectos, de la corrupción en las empresas multinacionales, y propusieron algunas estrategias que se podrían implementar para contrarrestarla.

Las conclusiones encontradas, indican que la inversión extranjera ha crecido en los últimos años, sobre todo en mercados emergentes como China, Brasil, México, Indonesia y Polonia. Sin embargo, directores ejecutivos, gerentes e incluso funcionarios de gobierno, se niegan a hablar sobre el tema de los sobornos. Es algo natural; después de todo, la corrupción crea un código de “no preguntes, no digas.”

La hipótesis planteada en la investigación era simple: El abuso o el mal uso del poder público para beneficio personal o privado.

En la actualidad, los tipos de corrupción varían de país a país. En algunos lugares, es previsible, en otros es arbitraria y en algunos casos, una mezcla de ambas.

La corrupción previsible, está tejida de manera muy estructurada, con gobiernos estables, y de alguna manera es más fácil de manejar para las empresas extranjeras. Al menos estas firmas saben lo que van a recibir por los servicios pagados.

En contraste, bajo los sistemas arbitrarios, como los de la Rusia post comunista, no hay manera de medir los gastos ni las expectativas. Los funcionarios pueden exigir sobornos, pero sus promesas de servicios no siempre se harán efectivas. En cualquier caso, los costes aumentan para las empresas porque éstas no pueden confiar en las instituciones, como los tribunales, para hacer cumplir los contratos.

El coste directo de estos dos tipos de corrupción es claro: hay que destinar dinero para sobornos. Pero las compañías que trabajan con regímenes corruptos, también de forma sigilosa malgastan gran cantidad de recursos en cuestiones burocráticas y en el pago de protección al crimen organizado.

Además, están los costes indirectos, tales como el comportamiento improductivo y la pérdida del talento. A menudo, las empresas se desangran por tener que destinar grandes sumas de dinero al cabildeo o lobby, y al pago de influencias o de favores realizados. En algunas provincias de China, por ejemplo, a las empresas extranjeras se les ofrece abiertamente la “participación en los beneficios” con el gobierno local.

En Rusia, la Agencia Canadiense de Desarrollo Internacional gastó $130 millones de dólares en el fomento de negocios en ese país. Todo fue en vano. Las compañías informaron posteriormente, que sus proyectos fueron “robados repetidamente a causa de la corrupción gubernamental”, apunta Rodríguez. No solo perdieron los canadienses, también los rusos que podrían haberse beneficiado de nuevas empresas e instituciones.

¿Qué pueden hacer las empresas extranjeras? Una alternativa: Evitar involucrarse en problemas. Eso fue lo que hizo Procter & Gamble, en Nigeria. Le empresa cerró su planta de pañales desechables, por los sobornos en las oficinas de aduana.

Las empresas también pueden cambiar el camino de su incursión en el mercado de un país corrupto. Por ejemplo, en las economías de los países de Europa del Este y del antiguo bloque comunista, cuanto más alto es el nivel de corrupción, más probabilidades hay, de que una empresa extranjera llegue a un acuerdo comercial con un socio local (joint venture), en lugar de tener una filial totalmente en propiedad.

Otra alternativa, es crear códigos internos rigurosos. La empresa Honeywell, por ejemplo, tiene prohibido tajantemente los sobornos y suministra a sus empleados pequeñas tarjetas que conducen a preguntarse éticamente, si están en riesgo ante una situación ambigua o comprometedora.

Los empleados que tienen mayor exposición a la corrupción, reciben entrenamiento adicional, y todos los empleados tienen acceso a una línea telefónica gratuita de asesoría ética, gestionada por un proveedor externo independiente.

Honeywell, quedó fuera del proceso de licitación de un contrato de gran envergadura, de un aeropuerto en Asia. Los participantes, debían dar un soborno, en calidad de precio de entrada. Cuando una investigación federal reveló que las 11 empresas que estaban en el concurso, habían realizado el pago, Honeywell obtuvo el contrato. En este caso, al menos, la virtud obtuvo su recompensa.

En otros casos, las empresas también colaboran con la zona o región donde esperan hacer negocios. Hope Group, donó 17 millones de libros de texto a estudiantes chinos con el objetivo empresarial de mejorar su reputación. El resultado de esta estrategia tiende a ser un tanto ambiguo, ya que los regalos a comunidades o instituciones, no impresionan mucho a los avariciosos funcionarios.

Las normas y los acuerdos internacionales, son armas adicionales. La Organización de Estados Americanos (OEA), dicen los autores, ha convencido a más de 25 países de firmar el primer tratado multilateral para criminalizar los sobornos a funcionarios extranjeros. Kenia, es uno de los ejemplos más prometedores de este enfoque global. Hoy en día, es un poco más difícil comprar a un juez, que hace una década. En el 2007, luego de la ola de violencia y derramamiento de sangre en el país africano, un gobierno de coalición, lanzó una gran reforma judicial, financiada con fondos propios, con donaciones de Alemania y las Naciones Unidas, y con más de $120 millones de dólares del Banco Mundial.

Este éxito, ha tenido sus altas y sus bajas, pero la toma de decisiones basada en la recopilación de datos, los mejores salarios para los jueces y el esfuerzo por la lucha contra la cultura de la corrupción, son algunas de las ganancias actuales.

Rodríguez y su equipo de investigación, reconocen que ninguna estrategia anticorrupción, es la panacea. Pero, argumentan los autores, que así como las empresas extranjeras utilizan múltiples estrategias de negocio, éstas deberían buscar un antídoto para luchar contra este delito.

Tomando en cuenta el daño que hace a las firmas internacionales y a la sociedad de acogida, el germen de la corrupción, es demasiado tóxico y difícil de digerir, para un negocio saludable.

Peter Rodríguez es decano de Jones Graduate School of Business at Rice University.